Siempre que inicio un ensayo tengo la sensación de que no tengo ni idea de lo que quiero decir. Y si bien ésta no es la excepción, la breve investigación cuyos resultados a continuación expondré parte, sin lugar a dudas de un par de preguntas que me andan en la cabeza desde hace tiempo incomodando y conflictuándome. Dichas preguntas, planteadas de forma simple, serían : ¿qué es el arte político? y ¿por qué hacer un arte político?
Aunque a veces no me gusta decirlo así, debido a varias connotaciones que la expresión puede tener, yo soy artista. Soy bailarín « profesional » (¡ja, ja!) de danza contemporánea, y mi práctica como tal se ha ido viendo cada vez más fuertemente cuestionada por los cambios que han sufrido mis ideas acerca del arte desde que empecé a estudiar la licenciatura en Arte y Patrimonio Cultural en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Como bailarín me he desempeñado dentro de la escena, digámoslo así, « oficial » de la danza contemporánea mexicana. He trabajado durante los últimos cinco años en una compañía de reconocida trayectoria que ha gozado de los subsidios de las instituciones artísticas de nuestro país, y como parte de su equipo me he presentado en los festivales y foros más « importantes » de la escena dancística. Como universitario, he estudiado las contradicciones, fallas, carencias y complejidades de ese sistema de producción artística del que formo parte. Esta doble vida que he llevado me ha conducido inevitablemente a un punto de quiebre que francamente no se a dónde me va a llevar. Las ideas que conforman el cuerpo del presente texto son mi primer intento por reflexionar críticamente mi situación presente de suerte tal que pueda yo convertirme no en víctima sino en generador de mi contexto. Como quien dice, quiero cambiar, quiero superar el conflicto en que me siento inmerso mediante la invención de otra posibilidad de hacer arte. De ninguna manera quiero implicar con esto que pretenda yo encontrar el hilo negro, muy al contrario, lo que quisiera es acercarme a lo que han compartido otros -¡y otras!- que han pasado por un proceso similar a éste que vivo y, en el mejor de los casos, contribuir a la construcción de esa nueva posibilidad en la que ya muchas y muchos trabajan desde hace tiempo. O sea que la siguiente argumentación es sumamente personal a la vez que es una vía para sumarme a un movimiento que ya está en marcha; las preguntas que planteo, las quiero responder para mí, para que mis estudios académicos y mi praxis artística puedan encontrarse.
II
Antes de seguir adelante, necesito dar unos pasos atrás. Mi interés por la relación entre arte y política surge de la consternación que me causa la compleja red de conflictos económicos, políticos, sociales y culturales que afectan hoy en día a nuestro país, en este inicio del siglo XXI, y que parecieran no afectar al arte. Evidentemente la producción artística se ve afectada por los recortes presupuestales así como por otras situaciones similares, pero a lo que me refiero es que no se ve afectada en el sentido de que (de manera muy generalizada) los artistas como sujetos sociales no toman partido en estos aconteceres que tienen lugar más allá del campo de lo meramente estético. Podríamos incluso decir que no asumen su lugar como sujetos sociales o históricos.
Son muchos los autores que han abordado esto que puede ser descrito y es, de hecho, descrito por ellos como una escisión entre arte y sociedad. Yo en lo personal he podido explicarme dicho fenómeno echando mano de las propuestas del sociólogo francés Pierre Bourdieu acerca del sistema del arte como un campo de producción que cuenta con sus propias instancias de producción, legitimación, distribución y consumo de las obras, mismas que le permiten funcionar con independencia en relación a otros sectores de la sociedad. Desgraciadamente, por necesidad de síntesis y enfoque no puedo aquí extenderme en la explicación de este funcionamiento independiente. Así que más allá de abordar el porqué la producción artística no se vincula con los problemas sociales y políticos, me centraré en el porqué si puede o tal vez debe vincularse.
Mi sentir es que el arte si puede y debe ser político. Pero esto me enfrenta de entrada a una cuestión que resolver antes que otra cosa : ¿qué es la política?
III
Para responder a esa pregunta me ha resultado muy útil un texto de Sebastián Barros titulado « Tres conceptos de los político y una política », en el cual dicho autor argumenta una relación entre los planteamientos de tres teóricos de la filosofía política, Carl Schmitt, Hannah Arendt y Anthony Downs. Barros concluye que los tres conceptos básicos que atraviesan la obra de los autores analizados son: la contingencia, el conflicto y el papel fundamental de la política en lo social. A continuación explicaré muy sencillamente, en mis propios términos, cómo he logrado entender la política partiendo de este enfoque.
El carácter de contingencia se refiere al hecho de que en la política no hay temas fundacionales, no podemos hablar de temas básicos o típicos de la política en un sentido abstracto ya que estos surgen del encuentro de un individuo con otro (o de grupos de individuos), dependen por consiguiente de las identidades de dichos individuos y varían de un encuentro a otro. Todo lo cual implica que la política está ligada a la presencia de un otro en relación a un yo o un nosotros, misma que inevitablemente, puesto que todos somos diferentes, derivará en una gama de posibles niveles de antagonismo dependiendo del grado de unión o separación que se de entre los sujetos. Como podemos ver, desde este punto de vista la política se da como consecuencia de las diferencias entre los individuos, del conflicto que mana de la diversidad de posibilidades de ser de los actores sociales. Apoyándonos un poco más en Schmitt que en los otros autores diremos que es aquí donde se da la actividad propiamente política, en la resolución de los conflictos, en las mediaciones que pueden llevar o no a un acuerdo. En este sentido, Schmitt habla de lo político, un tanto esquemáticamente a mi parecer, como la toma de decisión sobre la identidad del enemigo. Pienso que se podría hablar, en un sentido más incluyente, de la toma de decisión sobre las diferencias que nos unen o nos separan de los otros, dicho en distintos términos, de la toma de partido en una situación de conflicto.
Como se podrá constatar, hemos descrito ya el segundo concepto al que se refiere Barros, el de conflicto. Así pues, para finalizar sólo nos falta explicar la cuestión del papel fundamental de la política. Lo cual es muy sencillo. La resolución de las diferencias se hace con miras a establecer relaciones entre los individuos, a estructurar las relaciones sociales. Por esta razón, nuestros autores plantean a la política como un factor fundamental puesto que da sentido a la actividad social.
IV
Habiendo llegado, desde este ángulo, a un entendimiento de lo que es la política puedo ya vislumbrar dos formas en que el arte podría politizarse. La primera tendría que ver con la politización interna del arte visto en los términos bourdieuanos anteriormente referidos de campo de producción, distribución y consumo. Dicho proceso consistiría en el reconocimiento de los antagonismos entre las propuestas estéticas, entre los artistas y la institución o entre los artistas y los públicos. Cuando digo reconocimiento de los antagonismos quiero implicar la idea de la “toma de decisiones sobre las diferencias”, es decir, la problematización de los contextos, la ubicación de los conflictos y la consecuente responsabilidad de resolver, reorganizar, de dar sentido.
La segunda opción consistiría en la posibilidad del arte de participar en un proceso similar de politización pero en otros sectores de la actividad social. En esta ocasión me voy a adentrar más en la reflexión de esta segunda opción que, dicho sea de paso, es un tanto más compleja.
V
Como ya he mencionado, lo que yo quisiera es encontrar argumentos que puedan justificar la necesidad y pertinencia de que la producción artística se vincule con procesos políticos de otras esferas de lo social. Sin embargo, en la búsqueda de material que pueda sustentar esa argumentación, he encontrado más información referente al cómo construir ese vínculo o cómo lo construyen de hecho muchos artistas. A través de internet, me he encontrado en mi búsqueda con una escena en la que diversos artistas, sobre todo plásticos y visuales, han encontrado en el arte, como dicen los autores de la revista electrónica Clarín, una forma de hacer política. Precisamente en esta página web, Clarín.com, hallé “links” con muchos otros sitios de internet en los que se expone, analiza y problematiza la producción de grupos de artistas que conciben su quehacer como una forma de militancia. Resulta pertinente señalar la importancia que ha adquirido el internet como medio de visibilidad en el que artistas y académicos difunden su trabajo.
Entre los autores que más me significaron me gustaría mencionar a Marcelo Expósito, quien ha realizado una historiografía alterna de los procesos artísticos en España destacando la presencia de las praxis políticas y la influencia que han ejercido en ellas los feminismos; y a Ana Longoni, quien hace un análisis crítico de las vanguardias políticas en el arte argentino actual en relación a aquellas de los años ’60 y ’70, particularmente en relación a Tucumán Arde, el proceso colectivo de la vanguardia argentina que más resonancia ha tenido.
Entre los grupos de artistas que hacen política, podría mencionar al Grupo Arte Callejero de Argentina, al colectivo Mujeres Creando de Bolivia, a La Lleca de México y al colectivo ruso Chto Delat.
Para explicar en que consiste el trabajo de estos equipos tomaré como ejemplo a las bolivianas de Mujeres Creando.
VI
Mujeres Creando fue fundado como colectivo en 1985 por Julieta Paredes y María Galindo. Desde entonces a la fecha, han dividido su tiempo entre la realización de performaces y acciones callejeras, y la producción de un pensamiento teórico que sustente sus propuestas. Teniendo como objetivo a seguir el cambio social en términos de socavación del sistema neoliberal, estas mujeres se han abocado a la formulación de una teoría que, indisolublemente vinculada a la práctica, se constituya como una herramienta para subvertir las relaciones sociales preestablecidas que ubican a las mujeres en una situación de desigualdad. Resulta realmente muy complicado describir a Mujeres Creando en pocas palabras sin hacer omisiones graves debido a la posición que ellas asumen dentro del sistema social, particularmente en relación al conocimiento académico, las universidades e instituciones de gobierno. Como ellas mismas dicen:
No somos intelectuales, ni artistas.
No somos intelectuales, ni artistas, mientras el arte sea tan blanco, tan decente, tan masculino, tan decorativo, tan inocuo, tan egocéntrico y tan lejano a una buena sopa o a un hermoso empedrado.
A ellas no les interesa hacer arte, a lo que hacen lo llaman “feminismo autónomo, comunitario” y lo definen como un movimiento social. Entienden por feminismo “aquel proyecto antipatriarcal diverso y múltiple, subversivo y transformador de las sociedades”; y por movimiento “un espacio de impugnación del poder”, de “subversión de las relaciones de dominación”. Describen su movimiento con las siguientes características:
· Como tejido de solidaridades.
· Como espacio de integración y unidad entre trabajo manual, trabajo intelectual y trabajo creativo, entendiendo que los tres forman un mismo cuerpo.
· Como espacio de construcción de un sujeto histórico.
· Como espacio de ejercicio político.
· Y como espacio de construcción de contestación cultural y de formas y fuerzas expresivas.
¿Qué lugar ocupa entonces el arte en el proyecto de Mujeres Creando? Bien, pues en este lugar en el que se borran los límites entre el trabajo manual, el intelectual y el creativo, el arte –si es que puede seguir llamándosele así- funge como una herramienta para el ejercicio político concebido como aquí lo hemos descrito. El trabajo creativo, o experiencia estética si se quiere, expresado bajo la forma del performance, se erige así como el instrumento que permite la creación de espacio público mediante la intervención de la cotidianeidad de la calle. Cuando decimos espacio público nos referimos a la creación de un espacio de diálogo con la gente, de un lugar donde exponer los conflictos, las diferencias, donde sea posible identificar y señalar la identidad del enemigo, y a la vez hacer propuestas de cambio. La acción callejera inaugura así el sitio donde se producen discursos y su importancia no recae de ninguna manera en sus cualidades estéticas sino en las resonancias que tiene en el ámbito social.
Como se cuestionan los compañeros de Clarín.com ¿qué es esto, arte o militancia? ¿acaso ninguna de las dos? En efecto, es difícil llegar a un consenso. Pero de lo que no puede caber duda alguna es de que el feminismo autónomo de Mujeres Creando es una propuesta que logra romper con la escisión que separa al arte de la sociedad y de los movimientos sociales mediante la práctica política, con todo y cuanto esto implique que el arte deje de ser lo que tradicionalmente se reconoce como tal.
VII
He de reconocer que no he logrado contestar la segunda pregunta que plantee al inicio, la referente al porqué hacer un arte político. He encontrado sin embargo ejemplos que me ayudan a comenzar a vislumbrar modos de resolver mis contradicciones con la forma en que he venido haciendo danza hasta ahora. El caso de Mujeres Creando, así como otros que aquí no he podido mencionar, definitivamente significan para mi descubrimientos que me acercan a la posibilidad de tomar partido, de entrarle a la politización de mi práctica artística.
Me quedo de momento con el pendiente de construir una herramienta teórica capaz no solamente de sustentar mis ideas ante mí, sino también de hacerlas convincentes ante los ojos de otros compañeros artistas. La búsqueda de este cuerpo teórico es ya de hecho, en sí, una intención política pues mi ideal sería encontrar los argumentos que puedan cambiar la forma de pensar de otros bailarines y coreógrafos convenciéndolos de considerar la importancia y pertinencia de politizar su praxis. El fin último de esta tarea pendiente sería señalar un conflicto y proponer una solución.

arte politico, si no LA forma, si UNA forma de sacar el quehacer estètico del charco apestoso de la frivolidad, snobismo, banalidad, elitismo, etc, etc,etc.
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